Friday, 11 May 2018

Dragón de Fresa


Sueños tímidos, fosforescentes,
ser que galopa laderas empinadas,
busca ramas jóvenes flexibles
a las que encaramarse,
si puede ser, cabeza abajo,
vampiro de savia,
cabello al viento,
cual criatura de los bosques…

Selvático ser silvestre,
al trote o a la traviesa mirada,
dulzura alborotada,
locura inocente,
sabiduría oculta,
danza de árbol naciente,
de luces azulado-verdosas,
brillando en la noche.

Luciérnagas despiertas
y flores desplegando
la música vital,
ritmo enérgico del baile,
juego inspirado de alegría,
luna llena, picardía y toque tierno,
variado jardín,
-siempre variado, variante, variedad…-.

Un dulce dragón
espera en la cálida madriguera,
cómodo, arrebujado, ronroneante…

Un dragón diferente…
…un dragón de fresa.

Nieve Andrea, 4 Mayo 2018

Gracias Grandes


Gracias grandes, me sale decir de pronto,
a quien con escoba lumínica barre almas,
abriendo espirales en el aire,
abre que te abre portal,
labor imparable,
“Venga, pasen todos, ¡hasta siempre, buen viaje!”.

Seguramente todos esos también dicen…
“¡Gracias, gracias grandes!”.

Silencio íctico a doble voz bajo las aguas,
directa comprensión sin palabras.

(Hay invisibilidades tan visibles…
…hay anonimatos de sobra conocidos…)

Gracias grandes, por dejarte ver.

Nieve Andrea, 12 Mayo 2018



Thursday, 8 March 2018

Alas


Fluye en el Cosmos
la historia de un vuelo…

Vetustos ladrillos de pensamiento
enquistados, dormidos, abrumados,
encerraban la luz más dulce,
la inocencia y la certeza,
y también la magia insondable:
el Absoluto y el Niño Infinito.

Cápsula atemporal, cadena invisible,
dada desde lo ancestral,
anclando al SER a lo limitado,
asustando e hiriendo al corazón,
dejando la ternura fuera,
en sed de felicidad,
hambre de amor, de acogida.

Dentro, el océano profundo,
rizándose en olas clamaba
L I B E R T A D…
…y el canto de las mareas,
y un faro tendido en sustento,
ayuda al otro, ayuda a sí mismo,
intermitente luz eclipsándola la duda,
y aquella ancla frenando el vuelo…
pero luz al fin.

Una primera tempestad, y otra, y otra,
y poco a poco, algunos ladrillos perdieron forma,
otros comenzaron a caer estrepitosamente,
bajo la fuerza creciente de las olas del corazón,
resquebrajando la aprisionante torre,
desde dentro, como todos los naceres.

Con las grandes tormentas,
riadas de liberado dolor y tristeza,
terrores inexplorados, anclados amarres,
de tiempos pasados, de heridas en blanco y negro,
agua, agua y más agua,
lavando el fango, oxidando las cadenas,
disolviendo el miedo y la culpa,
dando paso al fuego brillante de mil soles,
salpicando el agua sanada y salada
de incontables arcoíris y blancuras sin medida.

Y allá arriba en el Cosmos,
celebran los ángeles, los guías y las hadas,
bailan extasiados los querubines,
al tiempo que el último resquebrajo del muro
con gran estruendo se desmorona.

Es triunfal la caída del último límite,
esa ola final, transparente,
cristalina, poderosa, expansiva,
vibrando en acorde perfecto,
desplegándose en alas de viento,
etéreo azul, luz de vida.

Nieve Andrea, 5 Febrero 2018 – 8 Marzo 2018
(sobre 2 Febrero 2018)

Thursday, 8 February 2018

Sudán

Amanece. Soy el último.

Al menos, eso es lo que dicen estos extraños animales de dos patas. Creen que no entiendo lo que dicen, pero sé por qué están aquí. Tienen miedo de los de su especie, y por eso vinieron a mi territorio. Yo les protejo.

Se llevaron mi cuerno. Yo nunca lo habría usado contra ellos, porque sé que no son los mismos humanos que mataron a mi manada… pero estas criaturas no entienden mucho de la vida, y tienen miedo de todo. Creo que es porque se cazan unos a otros. Nosotros, los rinocerontes, nunca haríamos una cosa así.

Los humanos que cuido me llaman Sudán, y soy el último rinoceronte blanco del norte. Traté de defender a los míos, pero no pude hacer nada contra sus palos de fuego. Ahora, a los cazadores ya no les quedan más rinocerontes, y mis humanos tienen miedo de que vayan a por ellos.

Sin embargo, me voy haciendo viejo; pronto no podré cuidar de ellos. Se quedan a mi lado día y noche, igual que las crías siguen a sus madres. Les asusta perderme, porque sin mí no podrían sobrevivir. Lo percibo en su olor, tienen mucho miedo. Siempre llevan sus palos de fuego, pero nunca los usan contra mí. Creo que los llevan porque quieren defenderme, como hice yo para intentar salvar a mi familia.


Me preocupan mis pequeños humanos… no sé qué será de ellos cuando ya todos los rinocerontes nos hayamos marchado…

Nieve Andrea, 2015


Sudan

The sun rises. I’m the last one.

At least, that’s what these strange two-legged animals say. They think I can’t understand what they say, but I know why they’re here. They’re afraid of their own people, and that’s why they came to my territory. I protect them.

They took away my horn. I would have never used it against them, because I know they’re not the same humans that killed my people… but these creatures don’t understand much about life, and they’re afraid of everything. I think it’s because they hunt one another. We rhinoceroses would never do such a thing.

The humans I care for call me Sudan, and I’m the last northern white rhinoceros. I tried to defend my loved ones, but there was nothing I could do against those thunder sticks. Now, the hunters have no more rhinoceroses, and my humans are afraid that they’ll go after them instead.

But I’m getting old; soon I won’t be able to take care of them. They stay by my side day and night, just like calves do with their mothers. They’re afraid to lose me, because without me they wouldn’t be able to survive. I can feel it in their smell, they’re terrified. They’re always carrying their thunder sticks, but they never use them against me. I think they carry them because they want to protect me, just like I did to save my family.


I’m worried about my little humans… I don’t know what will happen to them when all rhinoceroses are gone…

Nieve Andrea, 2015


Wednesday, 31 January 2018

Cuando las Hadas Abrazan

Presencia de magia,
cariño inspirado
a crear, dar, alegrar…
unir, acercar, celebrar…
Sonrisa que invita a pintar,
sobre el cielo de azul puro,
un sol radiante.

Rosa que el Principito ama,
en un pequeño planeta sin nombre,
en algún confín de la galaxia…
Sólo a ella se la ama así:
única,  especial,
entre todas las rosas del jardín.

Abrazo que acoge, acuna y sana,
reflejos de purpurina,
luz violeta, rosácea,
elegantes tonos de aquella danza sagrada,
expresando lo divino sobre la Tierra.

Tejiendo ese hilo entre ideas de Platón
y el mundo tangible…
…cual hada madrina,
haciendo reales los sueños.



Nieve Andrea, Enero 2018

Thursday, 25 January 2018

Viaje Adentro


Navegar con las velas recogidas,

la bandera baja, los remos sumergidos.

Silencio absoluto siguiendo la corriente

el océano guíe, el viento empuje

lo que logre empujar sin frenos ni guías,

sin anclas, amarras o motores.



Un alto en el camino,

que una aparente deriva

decida la ruta verdadera,

y lejos de un azar o un destino,

lleve al centro mismo

del Océano del SER.




Nieve Andrea, 24 Enero 2018